lunes, 4 de marzo de 2013
Mira a tu al rededor y bebetelo porque eso es todo, todo podría acabarse mañana.
Lo confieso, no me gusta la cerveza, no la soporto, se me arruga la naricilla solo con olerla.
Pero ese día nada sabía mejor que esa Mahou negra sentados en los fríos escalones del quinto piso recordando viejas batallitas.
Ya no éramos nada, solo dos extraños que se conocen muy bien. Él había vuelto con su novia de toda la vida, yo ya había echado el ojo a mi nueva víctima. ¿Mujer fatal? Puede ser.
Era cuatro de Marzo de aquel dos mil trece tan gris. Hacía solo unas horas había cogido en brazos por primera vez a mi pequeño hermanito nuevo. Y ahora estaba ahí, exprimiendo ese ratito más.
Hablábamos bajito, era tarde, no eran horas de despertar a nadie, hubo algún que otro intento de beso, dos putos imanes, ya sabéis. Pero ya fue. Todo acabó así. Reciclándose en el contenedor de vidrio dando oportunidad a un nuevo botellín, a una nueva despedida en cualquier otra parte con cualquier otra pareja como protagonista. Nada dura para siempre.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario