Los pájaros de mi cabeza, vuelan ahora sobre el papel.
domingo, 6 de octubre de 2013
Ángela.( I )
Estoy odiándome frente al espejo una vez más pero, hoy acompañada.
Me han encerrado en un lugar lleno de chicas perfectas con la mirada perdida y apariencia de ir a desvanecerse en cualquier momento, ojalá fuera cierto que yo soy así.
La insistente doctora interrumpe una vez más mis pensamientos, por mucho que le he explicado que estoy bien no ha querido creerme así que llevo días fingiendo que obedezco, siguiéndoles a todos la corriente para que me dejen ir pronto.
No deja de preguntarme las mismas estupideces de siempre, "¿Qué ves en el espejo", "¿Crees que estás gorda?", "¿Por qué no comes?".
En el espejo sólo veo un montón de miedo, una figura que parece hecha de garabatos, una sudadera enorme que me cubre hasta los muslos, unos pantalones anchos y mis botas azules. Cuantos más números hayan en la báscula antes podré irme, y esas botas pesan. Y la ropa ancha me permite ponerme más debajo.
No, no creo que esté gorda, hay una chica en mi clase que pesa 83 kilos y mide muy poquito más que yo, ella sí esta gorda, a mí lo único que me pasa es que me sobran aún un par de kilos para ser perfecta. Sí, ya sé que después de ese par, querré perder otro y así siempre, lo sé de sobra.
¿Que por qué no como? No tengo hambre, nadie aquí lo tiene, y si es así, hacen como que no. No está bien visto eso de tener hambre.
Lo que sí tengo es un poco de frío pese a toda la ropa que llevo puesta, un frío horrible que me acompaña hace tiempo, por mucho que me abrigue no se va, como si estuviese instalado en mis huesos que, según la gente, son todo lo que queda de mí.
Al fin ha acabado la consulta, me despido mirando al suelo y con el tacto algodón de las mangas de la sudadera marcho a pensar en cómo puedo deshacerme de la merienda.
miércoles, 2 de octubre de 2013
02.10.2013
Las historias inacabadas antes me hacían pensar que terminaron mal y no quedaban ánimos para escribirlo. Ahora ya no pienso así, ahora creo que lo que no hay es tiempo. Y no hay tiempo porque todo se solucionó, porque Julieta está muy ocupada disfrutando de Romeo como para pararse a contarlo.
Creo que al final se quedó a su lado, ella encontró su sitio haciendo lo que más le gusta y se pasa las horas rodeada de artistas. Aprendiendo a vivir, tal y como quería.
Y, es que, al final sí hubo consuelo para la triste Lady Drama.
miércoles, 1 de mayo de 2013
Largas fueron las noches cuando mis días giraban al rededor de ti.
Se llama "Dear John letter" a la carta que envía una dama explicando que ha encontrado un nuevo amor.
Aquí no hay nuevos amores, tan siquiera sentimientos que no son como al principio y, mucho menos, besos fríos que ya no saben a nada.
Lo cierto es que soy por y para ti, así que, no sé si a esto se le puede llamar Dear J. letter . Quizá no.
Lo único que sé es que estamos tocando fondo, que esto ha tocado techo o como lo quieras llamar, el caso es que me he dejado la piel tratando que funcione, me he jugado hasta lo que no tenía en cada intento y, ¿para qué? ¿para que tú te quedes en tu zona de comodidad sin intención alguna de poner tu fácil y aburrida vida en la línea de fuego? Paso.
Tú te quedas en la parte segura, en el suelo llano y soy yo quien tiene que cruzar descalza ese desquebrajado puente camino a ti, todo por un huequito en tu agenda, por una palabra bonita cuando toca o por unos enfermos besos llenos de egoísmo.
Quizá la culpa es de mi ciego optimismo, de hacer caso a esa vocecilla que me prometía que todo acabaría bien.
Pero no, definitivamente no es esto lo que yo entiendo por amor , no el hecho de que me escondas de todo y de todos, de no poder decirte nada si no hablas tú antes y, desde luego, no que la condición sea formar parte de tus oscuros y retorcidos juegos. No saber nunca si te quedarás a dormir o te irás para siempre esta vez.
Te sigo queriendo igual que siempre pero, también me quiero a mí.
lunes, 4 de marzo de 2013
Mira a tu al rededor y bebetelo porque eso es todo, todo podría acabarse mañana.
Lo confieso, no me gusta la cerveza, no la soporto, se me arruga la naricilla solo con olerla.
Pero ese día nada sabía mejor que esa Mahou negra sentados en los fríos escalones del quinto piso recordando viejas batallitas.
Ya no éramos nada, solo dos extraños que se conocen muy bien. Él había vuelto con su novia de toda la vida, yo ya había echado el ojo a mi nueva víctima. ¿Mujer fatal? Puede ser.
Era cuatro de Marzo de aquel dos mil trece tan gris. Hacía solo unas horas había cogido en brazos por primera vez a mi pequeño hermanito nuevo. Y ahora estaba ahí, exprimiendo ese ratito más.
Hablábamos bajito, era tarde, no eran horas de despertar a nadie, hubo algún que otro intento de beso, dos putos imanes, ya sabéis. Pero ya fue. Todo acabó así. Reciclándose en el contenedor de vidrio dando oportunidad a un nuevo botellín, a una nueva despedida en cualquier otra parte con cualquier otra pareja como protagonista. Nada dura para siempre.
Las pecas de mi nariz te echan de menos.
Este día, justo este, entendí lo que era amar de verdad a alguien hasta sus últimas consecuencias.
Os preguntaréis si salió bien, no. Acabó de la manera más desastrosa posible pero, repetiría sin dudarlo hasta los más tristes momentos de esos días, porque era mío. Él era mío. Y ahora me veo mendigando por una mirada más, por una caricia más, rogando por un beso.Y, aún así, sigo sin arrepentirme de nada.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)







.jpg)