viernes, 7 de septiembre de 2012

Hay veces que lo que pasó, pasó.

Iba a contaros en esta entrada al blog el torbellino en el que se ha convertido mi vida en estas últimas dos semanas pero, en vez e eso, voy a escribir el texto más sincero y personal que haya escrito nadie nunca. Podría empezar quejándome de lo mal parada que he salido de todo esto. De que he hecho daño a un chico que se convirtió en mi peor pesadilla, de que me han enamorado y dejado en la estacada, de que la relación entre esos dos chicos es que eran mejores amigos, de que me he ganado el título de guarra por fijarme en quien no debía, de que me han llamado fea, han pisoteado mi autoestima y me he pasado días enteros llorando. Es más, si me pongo, me podría quejar de que soy una fracasada, de que he repetido dos veces por vaga, de que padezco trastornos alimenticios y me pone del mal humor que me obliguen a comer, de que odio mi cara y de que no me siento mal por haber perdido tanto peso en tan poco tiempo por mucho que eso tenga a todos mis familiares y amigos en vilo. Sí, me encantaría escribir mil millones de palabras sobre lo poco que me gusta mi reflejo pero, no va a ser así. Puede que lo haya pasado muy mal pero, también lo he pasado muy bien. He compartido estos días con mi tío de 25 años, que más que mi tío es el hermano mayor que siempre quise tener, hemos dormido en el mismo cuarto, hemos salido de fiesta y hemos reído hasta que nos empezaba a doler todo. Le he echo volcar de la silla y he salido corriendo por toda la casa delante de él porque quería venganza. Me ha demostrado que me arreglaría la vida con "pequeños sustos" a ciertas personas y me ha demostrado que valgo más de lo que creo. He comprobado que puedo enamorar a dos chicos totalmente distintos en su forma de ser con solo un par de conversaciones por mucho que las cosas se tuerzan después. Me han demostrado también que nunca voy a estar sola, mencionaría a muchísima gente en esta entrada pero no me quiero ir del tema, el caso es que me siento extrañamente bien, raramente orgullosa de ser tan soñadora. Con ganas de cambios, de demostrar que ya no soy ninguna fracasada, que ese tiempo ha quedado atrás, que ahora consigo lo que me propongo, que son mis padres los que me dicen que no me ponga nerviosa ni me agobie en vez de que estudie como pasaba antes. Que aún no sé si quiero curarme o no, pero que no voy a atormentarme más, que quien no me quiera, no me quiere y ya. No hay más. Que he tenido mucha suerte en la vida, porque tengo más de lo que merezco. Tengo una familia que me adora, unos amigos que están encima de mí a la mínima que pasa algo y un héroe, un enorme héroe de cinco letras que por muy lejos que viva siempre es el causante de todo. Que me repara cada vez que alguien me rompe, que su risa andaluza es la mejor cura para el mal de amor. No sé ni por dónde coger este texto, es terrible y está totalmente desordenado. Pero supongo que así es como soy, complicada. Arisca al principio, agobiante al final. Soñadora y una fantástica creadora de problemas y situaciones incómodas, mentirosa profesional. No soy. No soy. Soy, soy un proyecto de alguien segura de sí misma y capaz de luchar hasta el final por todo aquello que desea. Eso es lo que quiero ser en la vida. Esta entrada se queda así, sin editar

No hay comentarios:

Publicar un comentario