Son promesas saltadas a la torera, como aquel "iré a verte con un peluche gigante" o aquello de que "montaremos en globo aerostático" o "te pediré matrimonio en la Torre Eiffel"
Pero sin duda, la que me hacía estar así era una en concreto, la que mas dolió que rompiera.
"Yo jamás te haría daño, Samanta"
Y un cuerno!
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