Que podría enamorarme de tu voz, de tu risa, de tus gestos, de tu forma de ser, de cada palabra, cada mirada, de cada vez que no sé muy bien si hablas en serio o me tomas el pelo, de tus locuras, de tus chistes, de tus vídeos bobos, de tu enorme ego, de tu millón de defectos.
De cuando llevas gorra, de cuando no, de cuando apareces sin más, de cuando no hay quien te encuentre, de cuando escuchas y asientes sin decir nada, de cuando hablas sin parar, de tus manos, de tu manera de vestir, de tu acento, de las veces que dices cosas preciosas y de las otras tantas en las que me gustaría matarte.
Podría enamorarme de tu pelo, de tus gafas de sol, de que cuando estoy contigo me acabe doliendo el estómago de tanto reír, de tus ojos verdes, de tu carita de niño travieso, de cuando te pones rojo, de cuando estás impasible, de tus canciones favoritas, de las que odias, de tus mentirijillas piadosas, de tus verdades, de tu olor.
Me enamoraría hasta de las cinco letras que forman tu nombre, solo tengo que pronunciarlas y allí estás tú, y, lo mejor de todo, estás ahí solo por mi, solo para mi.
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